Parroquia I.C.M.Inmaculado Corazón de María

día del señor



DOMINGO 22 DE OCTUBRE DE 2017

En la sociedad pagamos impuestos y tasas. Muchos. Muchas veces. Pero, abramos los ojos a la realidad, los más altos impuestos no son los que pagamos al Estado para que construya mejores carreteras, atienda las escuelas y la salud pública, financie nuestra seguridad, ayude a los más necesitados y tantas otras cosas necesarias que sólo el Estado puede y debe hacer. Hay muchos otros impuestos que no pagamos en dinero pero que son también muy importantes. ¿Cuántas veces por respetos humanos no nos atrevemos a decir lo que de verdad pensamos? Y preferimos callarnos, guardar silencio. Ahí pagamos un impuesto muy alto, vendemos nuestra propia autenticidad, nuestra libertad, nuestra dignidad. Todo con tal de que los demás nos sigan aceptando, toda para adaptarnos a ellos.

Pagar el impuesto al César no era sólo darle la moneda. Era hacerse siervo del César, obediente a sus normas. Era ser su esclavo. Por eso Jesús pregunta con ironía de quién es el rostro que figura en la moneda. Si es del César es que hay que devolvérselo al César. Pero al César hay que darle sólo el dinero no la vida ni el honor ni la libertad. Todo eso pertenece a Dios y nada más que a Dios. La vida, el honor y la libertad son los dones que Dios ha puesto en nuestras manos. Es nuestra responsabilidad devolvérselos a Dios acrecentados, cuidados y llevados a su plenitud. Ése es el impuesto que nos ha preparado Dios: que llevemos nuestra vida y nuestra libertad a su plenitud.





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Testimonios

Antoine De Saint-Exupéry (1900 - 1944) “No hay más que un problema, uno solo en el mundo: devolver a los hombres un significado espiritual”. Veo que algunos te definen en dos palabras: escritor y piloto. Otros prefieren hacerlo en una sola: aventurero. No están reñidas. Incluso pueden ampliarse, ya que de muy joven te viste en una encrucijada de caminos fascinado por todos ellos a la vez: marina, bellas artes, comercio... Exactamente, ¿qué buscabas?, ¿hacia dónde querías dirigirte? Parece claro que no te empujaba el dinero sino el gusto por la aventura, una aventura que nadie ha acertado a definir.

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